domingo, 6 de julio de 2014

Peroratio o fin del caos y demás historias.

Y es que de repente, así como hace sesenta páginas lo estabas empezando, estás acabando el último año de carrera. Entre despedidas, besos, alguna lágrima furtiva (maldita alergia primaveral), actos de graduación y demás formalidades, al menos has conseguido aprender a pronunciar la palabra TFG. Bueno, casi todos lo hemos hecho, sigue habiendo excepciones. Y no es solo que sepas pronunciar las siglas de tu Trabajo de Fin de Grado, sino que además lo tienes hecho, o casi…. Y si no es así, pues deberías, que no queremos quedarnos sin verano, y menos aún pagar una segunda matrícula de los dieciocho créditos del trabajito. Por no hablar de lo de llevar días sin dormir y pasarse el día recorriendo el pasillo de casa arriba y abajo intentando aplacar el ataque de nervios, que eso no puede ser sano. Aunque sin duda es síntoma de haber tenido un año muy divertido y muy relajado, así que puede que merezca la pena, lo probaré en la próxima ocasión. Si es que hay próxima, que nunca se sabe… Porque, “¿qué vas a hacer el año que viene?” es la pregunta más repetida de los últimos meses, una especia de secuela de “¿qué vas a hacer para tu TFG?” Y la respuesta ha sido, es y siempre será la misma: “no tengo ni la más remota idea”.
Y diréis, bueno, déjate de historias, y cuéntanos que tal el trabajo, ¿qué has aprendido, descubierto, imaginado, creado? Pero… ¿acaso he hecho algo de eso? Puede que sí, pero seguramente fuera de modo inconsciente, así que va a ser difícil contároslo. Y que conste que esto no es una excusa, que si os habéis leído el resto del trabajo, veréis que es la explicación perfecta. Así que, ni idea, no sabría exponer mi conclusión de forma clara. Sé que me ha gustado pintar sobre esos papeles, garabatearlos, romperlos, llorar sobre ellos, a alguno hasta le he gritado, aunque no pareció afectarle demasiado. Y eso es importante ¿no? Que te guste lo que estás haciendo debería ser la prioridad de todos los actos de nuestra vida. Tal vez en el fondo eso sea mi trabajo, un grito, una llamada de auxilio de mi inconsciente, del vuestro, del de todos los seres que pueblan el universo. Un último intento para que nos alejemos de esta vida incoherente que llevamos, donde nadie hace lo que quiere, si no lo que quieren los demás, que a su vez tampoco hacen lo que quieren. Y entonces, si nadie hace lo que quiere, y nadie quiere lo que hace, puede que sea porque nadie sabe en realidad lo que quiere. Porque nadie escucha esa voz interior, ese Pepito Grillo, ese fantasma olvidado de la infancia que te hacia ser travieso, escaparte y convertir cajas de cartón en castillos, a tu hermano en bruja malvada y al gato en príncipe azul. Nadie hace caso de esas mariposas en el estómago que te dicen haz esto o haz aquello, sin importar lo que suceda después, sin importar lo que piensen los demás, o su rechazo, que no tiene otra causa si no la envidia, ya que ellos no son libres de tomar sus propias decisiones.
No son libres de ser felices.
Escapa,
grita,
salta,
baila,
camina sobre las manos,
circula en dirección contraria,
besa a un extraño por la calle,
corta el filete con la cuchara,
ponte un zapato por sombrero,
sonríe al que va sentado frente a ti en el metro,
ponte los pantalones del revés,
ve a trabajar en pijama
y sobre todo,
haz lo que te apetezca,

siempre lo que te apetezca.

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